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jueves, 28 de julio de 2016

‪#‎Medellín‬: Una ciudad tomada


La ilegalidad controla el comercio de la ciudad en todas sus escalas, ayudando al crecimiento de la informalidad y el desempleo
Pancho –Comunicaciones PCC Antioquia
Hoy, Medellín es una ciudad tomada. No existe un solo metro cuadrado de acera que no esté invadida o tomada por un vendedor informal; no hay un solo semáforo donde no se encuentren varias personas limpiando vidrios de los carros o vendiendo cualquier cosa, un confite, una revista, un cd, etc.
Ellos son el resultado de la falta de empleo formal, de trabajo decente. Lo cierto es que la cifra de desempleo que maneja el DANE no se la cree ni el director de esa entidad; en Medellín el desempleo real ronda el 20% o más.
El ventero informal es una persona que proviene de un barrio popular, marginal, que tiene que salir a rebuscarse una manera de ganar el sustento para él y su familia. Sin embargo, se ha dado un cambio sustancial entre el ventero informal de hace 16 años y el de ahora. Es una persona pobre, que ante la falta de trabajo tiene que salir a rebuscarse el sustento, pero en el año 2000, se le consideraba un trabajador independiente.
Este debía madrugar a ocupar un lugar en una acera para colocar su venta, necesitaba de un pequeño capital para adquirir la mercancía que iba a vender y si no madrugaba, otro ocupaba su lugar, generándose conflictos.

Es por ello que se organizaron en sindicatos y organizaciones gremiales que no solo resolvían los conflictos que se presentaban entre ellos, sino que interlocutaban con las administraciones municipales buscando reglamentar la actividad.
Cuando la administración municipal ejecutaba procesos de desalojos, los venteros tenían que enfrentarse a la policía y a las autoridades para defender su derecho al trabajo, eran entonces unos 5.000 vendedores que ocupaban las aceras de las calles principales y los semáforos de las avenidas más importantes.
Paraestado
Hoy, el ventero es el mismo, pero ya no es un trabajador independiente, ahora tiene que ocupar un espacio administrado por una estructura paraestatal que existe en Medellín. Se le alquila ese espacio, por lo tanto, ya no tiene que madrugar. Es asignado por esa estructura y nadie diferente a quien está pagando el alquiler, puede ocuparla.
Ya no existen organizaciones sindicales ni agremiaciones, los conflictos los resuelve esa estructura, y son ellos, los que interlocutan con la administración municipal y los que arreglan todos los problemas y cuando la administración municipal intenta recuperar el espacio público, esa estructura paraestatal baja buses repletos de jóvenes marginales, lúmpenes, que se enfrentan a la policía y a las autoridades, generando destrucción y caos.
Hoy, son más de 20 mil venteros ambulantes los que ocupan todas las aceras y todos los semáforos del centro de la ciudad.
Actualmente, toda la ciudad tributa para esa infraestructura paraestatal, desde la gran entidad financiera o empresa, hasta el vendedor de minutos de celular; la entidad financiera paga un impuesto para que los bancos no sean asaltados, la empresa distribuidora paga un impuesto para que sus camiones no sean asaltados y poder ingresar a los barrios a vender sus productos.
Es una doble tributación, ya no son paramilitares o delincuentes que llegan encapuchados a cobrar una vacuna, ahora es una estructura a la que se consigna el pago del impuesto y si la entidad no paga, pues simplemente se presentan los asaltos bancarios o no permiten el ingreso de los camiones a los barrios.
Sin aceras
El vendedor de aguacate que recorre las calles con su carreta, ya no es un vendedor independiente, ahora, la carreta la debe alquilar y aquella estructura le pone una cuota mínima de venta que el trabajador debe cumplir. Los aguacates se los entregan ellos y el vendedor después de cumplir con la meta asignada, se queda con una pequeña ganancia.
El vendedor de minutos de celular, también paga un alquiler por el lugar que va a ocupar y recibe de esa estructura una simcard con una cantidad de minutos, con la cual él debe trabajar y responder por los minutos consumidos.
Las autoridades municipales no tienen ninguna política real para enfrentar este problema. El espacio público está invadido y sin control, el ruido generado por los equipos de sonido instalados en las carretas, hace que la contaminación del centro de Medellín sea insoportable. Las personas tienen que andar por el centro de la calle ante la ocupación de las aceras y la administración municipal, ni siquiera sabe en realidad cuántos venteros informales existen y no tienen ninguna propuesta real de solución.
El incremento de las ventas callejeras, está relacionado con la crisis económica que vive la ciudad. Según el DANE, el primer trimestre de 2016, fue el peor para el comercio en los últimos tres años. Según Fenalco, este primer trimestre del año, de las 14 categorías que se miden 11 registraron desaceleración.
Las medidas que han venido tomando las diferentes administraciones municipales están más orientadas a perjudicar al comercio formal. La crisis económica que vive la ciudad, es parte de la crisis general que vive el neoliberalismo a escala mundial, y en Medellín se manifiesta con la desaparición del comercio formal, los almacenes tradicionales han venido desapareciendo, dando lugar a la proliferación de locales de venta de productos de época, almacenes de todo a mil y venta de productos chinos.
Los pocos almacenes que nacen tienen una vida de dos o tres meses y desaparecen, con la alta carga de informalidad y de violación de todas las normas jurídicas y de seguridad laboral, almacenes que son en realidad fachadas de lavar dinero de esa estructura paraestatal que controla la ciudad.
La existencia de esa estructura es vox populi en la ciudad y para nadie es un secreto que en Medellín existe una nómina paralela, y pareciera como si la burguesía antioqueña, en lugar de solucionar este problema, se hubiera acomodado a la situación. Recientemente, se quejaba Fenalco, que era imposible que en el centro de la ciudad, donde existían 80 cuadrantes de la policía, todas las noches entraran a descargar al centro decenas de camiones cargados de contrabando para surtir a todo ese comercio informal y no pasara nada.
La solución al problema de la invasión del espacio público de Medellín, es muy complejo, porque primero habría que afrontar la existencia de esa estructura que encarece la actividad industrial y comercial, que al mismo tiempo genera desempleo, y que alimenta la existencia de la informalidad y la guerra.


lunes, 6 de julio de 2015

Desempleo y Economía Informal: Peor para las Mujeres



María José





En Colombia, el trabajo informal es una de las principales fuentes de ingreso para la población desempleada, representando porcentajes muy altos en ciudades como Quibdó, donde la informalidad llega al 84,14 por ciento, seguido por Riohacha con una tasa de 81,23 por ciento, en Barranquilla es del 72 por ciento; las ciudades más grandes reportan cifras “menores”, Medellín tiene la más baja informalidad, con el 50 por ciento.

Estas cifras son alarmantes, en tanto el rebusque se ha convertido en la principal forma para la sobrevivencia, de la población excluida del mercado laboral. Es lamentable reconocer cómo este tipo de actividades pasa a engrosar las cifras de empleo, con las que el gobierno nacional manipula resultados positivos.

La crisis laboral es el resultado de la aplicación del modelo neoliberal al servicio del capital transnacional, que privatiza empresas públicas y se concentra en la generación de ingresos a través de la inversión extranjera, esto trae como consecuencia el debilitamiento de la industria nacional y el cierre de importantes fuentes de empleo.

Estudios realizados por el Banco de la República afirman que las mujeres, las personas solteras y jóvenes son la población más afectada, con altos niveles de precarización laboral. Según la CEPAL, “la tasa de pobreza de las mujeres entre 20 y 59 años de edad, excede en un 30 por ciento, o más, a la de los hombres de edad similar”.



En Colombia se discrimina a las Mujeres

El Balance económico, laboral y sindical del cuatrienio 2010-2013 realizado por la ENS, muestra que al finalizar el primer periodo del gobierno de Juan Manuel Santos, las condiciones de bienestar y calidad de vida de la población colombiana se ha deteriorado. La situación es desalentadora debido a que hay un proceso de agudización de la desigualdad, informalidad, tercerización, precariedad laboral, desprotección social, entre otros.

En el marco de esta problemática, la condición laboral para las mujeres resulta aun más precaria, según Naciones Unidas tardaríamos 80 años para alcanzar la igualdad de la mujer respecto al hombre en materia laboral, 75 años para tener una remuneración equivalente y 30 años para tener el mismo nivel en el ámbito de participación política.

Colombia registró en el 2013 una tasa de desempleo femenino del 12.6 por ciento, muy por encima del promedio regional que se situó en el 7.6 por ciento y muy por encima del 5.6 por ciento que correspondió al desempleo de los hombres, ampliándose de esta manera las brechas de género, pasando por encima de la política pública de equidad de género, para las mujeres en Colombia y el compendio de leyes, pactos y protocolos del orden internacional.



Colombia en América Latina

La posición de Colombia ante el continente también resulta lamentable. Ecuador, Panamá y México, presentan las tasas de desempleo para las mujeres más bajas de la región, con resultados del 5.2, 5.7 y 6.0 por ciento, respectivamente. Se imponen República Dominicana y Colombia como los países de la región con la brecha de género más amplia. Colombia es el país con mayor desigualdad de género en materia laboral a nivel de América Latina, casi doblando la tasa de desempleo de las mujeres en la región.



Brecha de género laboral

A pesar que desde 2010 hasta ahora, la tasa de ocupación de las mujeres se ha incrementado en un 13 por ciento, persiste una brecha de género en materia de participación del 21,1 y de ocupación de 22,7 puntos porcentuales, situación que se explica por la existencia de factores culturales arraigados en sociedades patriarcales y determinados por el modelo androcéntrico que históricamente ha regido el mundo. Aunado a esto, la discriminación en materia salarial es una constante, la mujer percibe en promedio un 20 por ciento menos que los hombres por labores iguales.

Este panorama nos confirma que la lucha contra la discriminación por razón de género, debe continuar, pues lejos de pensar que el patriarcado y el machismo han desaparecido, vemos cómo el capitalismo ha modificado la forma en que se oprime a la mujer, quien al entrar al mercado laboral, al ser excluida de éste y al aumentar su responsabilidad económica con sus familias se enfrenta ante duras situaciones. “En Colombia hay 4.5 millones de mujeres cabeza de familia, por solo medio millón de hombres en esa posición”

La paz desde un enfoque de género ha de expresarse en garantías para las mujeres, que les permita vivir en condiciones plenas de igualdad, equidad y dignidad. Para lograrlo se necesita que las mujeres en sus territorios emprendan acciones organizativas y propositivas, pues sabemos que el régimen niega los derechos y se hace necesario movilizarse y luchar para conquistar la vida digna para el pueblo.

tomado vía internet